Ya tienes veinte meses. Desde tus primeros días has sido una niña muy observadora. Has llamado la atención de la Abuela, de los tíos, los amigos, todos hacían el mismo comentario sobre tus grandes ojos mirando con atención todo lo que te rodea.
Unas veces son lugares, otras personas, en ocasiones mecanismos y siempre los cuentos y las revistas cuyas hojas hábilmente aprendiste a pasar de una en una mucho antes de ponerte en pie.
Pero anoche nos dejaste impresionados: Ibas desde el centro de la cocina hasta más allá de la puerta para luego retroceder caminando de espaldas; algo en el suelo te llamaba la atención y lo mirabas fijamente mientras ibas y venías. Mamá me advirtió suavemente sobre ti: "Mira, mira, ya la he visto hacer eso mismo el otro día". Y te mirábamos sonriendo sin entender tu nuevo juego.
En un momento caminas raro, en otro despegas los pies del suelo como para no pisar algo caído, luego cabeceas de derecha a izquierda y siempre observando el suelo. Por fin alargas la mano intentando asirlo... ¡Es la sombra!. Esa cosa que se mueve contigo pegada a tus pies, que te sigue a todas partes, que se estira y se encoge y que va y viene cuando tu vas y vienes. ¡Has descubierto tu propia sombra y la estás poniendo a prueba!.
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