Al principio era solo de un gris suavemente azulado pero con cada una de tus sonrisas fue apareciendo una estrellita. Sonreías al ver a mamá, diciendo con tu carita que la querías mucho y ¡pin!, una estrellita. Sonreías al despertar para saludar a papá que te sacaba de la cuna y ¡pin!, otra estrellita. Sonreías después de mamar, mostrando lo satisfecha que estabas y ¡pin!, otra estrellita más. También sonreías a la abuela que te cargaba con ternura y te decía "hola cosita linda". Y así tu pijama quedó cubierto de estrellitas, tantas que ya no se podían contar.
Como quedaba tan bonito empezaste a reir con ganas. Aprendiste a jugar y descubrimos que tenías cosquillas. Las estrellas de tu risa salpicaron de colores el saco de dormir, la colcha y hasta alguna ropita colgada en el armario. Te gustan ¿verdad?, ¿a que son bonitas?.
Pues hay más estrellitas, muchas más. No podemos verlas pero sí las sentimos. De tu risa brotan manantiales de estrellitas invisibles que chisporrotean como minúsculas campanillas de plata y que bañan mi corazón y el de mamá y el de la abuela... De tu risa nace nuestra risa.
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